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“Solo Dios sabe lo que tuve que soportar”, Vladimir

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Su fútbol no puede desligarse de la tenacidad con la que ha enfrentado la vida. La falta de oportunidades por poco acaba con sus incipientes deseos de futbolista profesional. Trató de hallar cabida en cuatro clubes del país pero un desolador ¡NO! siempre adornaba la respuesta poco convincente del entrenador de turno.

Mientras se dedicaba a otros menesteres que le permitieron sobrevivir, el exilio le entregó la fortuna en el altiplano boliviano, en esa tierra Vladimir encontró la oportunidad que necesitaba para demostrar sus condiciones, eso sí, pasando penurias porque el sacrificio ha hecho parte integral de su existencia.

Ejemplar padre y buen amigo. El tereré, bebida tradicional paraguaya equivalente al mate argentino, acompaña sus ratos libres luego de los entrenamientos, en los que se esfuerza al máximo como si estuviera delante del público en el Pascual.

Siempre lo vemos acompañado de su esposa e hijos, ¿Que representan ellos en su carrera profesional?
Ellos, todo… después de Dios ellos son mis sostén. La familia es definitiva, en especial mi esposa quien siempre estuvo a mi lado en los momentos más difíciles. Sobre todo cuando decidí dejar el fútbol tras ver que después de tanta insistencia ninguna puerta se abría.

¿Puede explicar eso de que pensó abandonar el fútbol?
Estando en Ríonegro, como en el año de 1999, tuve la oportunidad de probarme en cuatro equipos y todos me rechazaron por chiquito.

¿De qué equipos estamos hablando?
Tolima, Pasto, Medellín y Nacional.

¿Solamente como hecho anecdótico, que profesores le dieron el raje como lateral?
En el Tolima, creo que quien me rechazó fue Néstor Otero, en el Medellín fue Julio Comesaña, y en el Nacional por esa época estaba “Sachi” Escobar (quien me había tenido en Rionegro) y era el asistente de Luis Fernando Suarez, creí que iba a tener mi oportunidad pero…tampoco. El técnico del Pasto si mal no recuerdo era Félix Quiñonez.

¿Qué recuerda de aquellos días?
Fue una etapa difícil, en esa época tenía que trabajar y jugar fútbol. Trabajé de mesero en una pizzería porque en el Deportivo Rionegro no pagaban y necesitaba responder por mi esposa y por mi hijo mayor. Afortunadamente, di con un patrón que me dejaba jugar fútbol. Recuerdo que fueron casi dos años de un trajín de seis de la mañana a doce de la noche todos los días, pero llegó la oportunidad de irme a Bolivia.

¿Y qué pasó en Bolivia?
Después de no haber pasado ninguna de las pruebas en Colombia me fui para Bolivia, con la idea clara de que sería la última oportunidad, de no haberla pasado hubiera dejado el fútbol.

¿Cómo fue esa experiencia?
Muy buena, me hicieron contrato por seis meses, después me lo renovaron por casi tres años. Luego pasé a Brasil. Tuvieron que pasar seis años para que Atlético Nacional me contratara y así poder jugar en la primera división colombiana.

¿Entonces cuando llegó a Bolivia todos sus problemas económicos terminaron?
¡No!… al principio pasamos muchas dificultades. Fue duro llegar a la casa y no tener que comer. Aguantamos hambre, nos cortaron los servicios. Cuando llegué pensé que en el fútbol profesional esas cosas no se vivían, pero el fútbol profesional no es como lo pintan. Hoy en día los jóvenes la tienen un poco más fácil, pero lo que viví me formó y solo Dios sabe cómo pasamos por todo eso.

¿Recuerda que le decía a la gente cuando te tocó trabajar como mesero?
Lo primordial es la atención, eso me lo enseñó el patrón. La pizzería se llamaba el Líbano, cuando llegaba el cliente lo saludaba y le preguntaba ¿qué desea?, le ofrecía los productos (pizza, ensalada de frutas, lasagna, canelones, Jugos) y le decía que se los preparaba como deseara…

¿Cuánto se ganaba de salario y como le iba con las propinas?
Bien, había gente que daba buenas propinas. Con eso cuadraba un poquito el sueldo. Me ganaba entre 70 y 80.000 pesos semanales. “estiraba” el sueldo para comprar comida, leche, pañales, arriendo…tenía que alcanzar para todo.

¿Cuál es la clave de un cobro de tiro libre?
El trabajo a diario. Los cobros de pelota quieta tienen su técnica y se perfecciona con el tiempo.

¿Que transmite el profesor Leonel?
Mucho, mucho, alegría, ganas de salir adelante, ganas de ganar, de tener la gloria, ganas de buscar lo más alto. Eso es lo que siempre lo refleja. Él le ha dado un plus a este equipo y esperemos que todos nos podamos contagiar de lo que irradia. He conocido a lo largo de mi carrera muy buenos técnicos pero sin duda es un orgullo compartir al lado del profesor Leonel.

¿A qué se va a dedicar cuando llegue la hora del retiro?
Sí, tengo un año de estudios como entrenador y quiero dedicarme a esa actividad. Dios quiera que pueda llegar a ser un gran profesional en la dirección técnica y transmitir todo lo que he aprendido. Aunque no he pensado mucho en eso, si lo visualizo; pero creo que aún me quedan tres o cuatro años más de jugador.

¿Qué representa el Deportivo Cali para usted?
Mucho, estoy muy feliz acá. El Cali me dio la oportunidad de volver al balompié colombiano, independientemente de las circunstancias que se presentaron para mi salida del Olimpia. Esta institución me dio todo para sentirme cómodo y feliz. Quisiera quedarme por mucho tiempo más.

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