Javier Ospina nació el 2 de junio de 1957 en la ciudad e Cali, desde que tiene uso de razón es hincha del ‘glorioso’, pues en 1965 en un partido entre Deportivo Cali y Deportivo Independiente Medellín -al cual lo llevó su papá- conoció lo que era el amor por el verdiblanco.

Hoy, como previa de la final de Copa Águila, destacamos la historia de un hincha a quien con la distancia, ha fortalecido su amor por el verdiblanco.

“Esa época (años 60) fue hermosa porque fue un momento dorado para Deportivo Cali por los cinco campeonatos que obtuvimos. Además, tres o cuatro subcampeonatos que nos hubieran puesto fácilmente como el más campeón”, relata Javier, un apasionado que lleva en su sangre a nuestra institución.

Javier o ‘Javi’ como lo llaman los más cercanos es primo de William ‘Pecas’ Ospina, histórico jugador del Deportivo Cali. A los ocho años inició este romance que según cuenta, llevará para toda la vida y que ni el tiempo, ni la distancia, han logrado debilitar.

“En 1979 vine a vivir a Estados Unidos, no tuve mucha información en mi estadía en Chicago, recibía el periódico tres días después sin demasiado reseñado. Pero a través de la revista del Cali que me enviaba mi hermano me ponía al día, y cuando hablaba con William ‘Pecas’ Ospina, mi primo que en paz descanse, teníamos largas conversaciones, me ponía al tanto del equipo”.

Después de tantos años según relata, ha sabido sobrellevar el vivir lejos de su equipo amado, pero eso sí “cuando paso por la sede del norte, cuando voy a la sede campestre, al estadio, son como sueños hechos realidad de gozar, disfrutar todo lo que nos ofrece esta institución”, cuenta

¿Qué anécdotas tiene de esos primeros pasos como hincha verdiblanco?

“Cuando hacía el bachillerato me escapaba de clase para ir a ver los entrenamientos al Limonar, con ese gusto me entraba a ver ese ambiente, rodeado de los mejores jugadores del momento en Colombia, bajo el mando del Doctor Bilardo a quien llevamos para siempre en el corazón. Gracias al ‘Pecas’ bajé muchas veces al camerino a estar con mis ídolos, son momentos que atesoro para siempre”.

Desde su punto de vista, al Deportivo Cali hay que seguirlo en las buenas y en las malas, pues dice que cuando uno ama de verdad se somete a esos altibajos, porque a la larga son más las alegrías que nos da el club: “personalmente, soy paciente, acepto y analizo los resultados pero nunca dejando de apoyar”.

Para este caleño con raíces paisas, que se enamoró del Cali en un partido ante el DIM, club por el cual hinchaba su padre, las razones más fuertes para volverse verdiblanco fueron la presidencia de don Alex Gorayeb, los títulos, la gama de jugadores que han pasado por el glorioso, las sedes, y ahora nuestro estadio.

“Esos son los aspectos que hacen que me enamore más y más de mi amado equipo. Tuve suerte desde pequeño de escoger un buen equipo, ganador, reconocido mundialmente, es un orgullo total, soy verde hasta morir”.

Y es que a Jairo le tocó vivir como él la llama “la época dorada del Deportivo Cali”.

“Habían jugadores de primera clase, Mago Loaiza, José Rosendo Toledo, Oswaldo Ayala, Óscar Mario Desiderio, entre los colombianos eran los primeros pasos de Miguel Escobar, Henry ‘La Mosca’ Caicedo, Jorge Ramírez Gallego el goleador del equipo, Sanclemente, Solarte, Lallana, una época de locura”, relata con emoción.

A este hincha que ha vivido todos los títulos del Deportivo Cali y por más de 40 años ha avivado su amor por el verdiblanco fuera del país, el título más recordado o especial fue el de 1974.

“El título del 74 fue el que más disfruté, era la primera final entre Deportivo Cali y América (ahí jugó el ‘Pecas’ previo a su paso al Cali), en ese partido mi primo le pegó una patada a Abelito Da Graca, y lo echaron, junto a él fueron expulsados Fernando Romero y Gilberto Cuero. El DT de América había hecho los cambios, pero aparentemente al terminar el partido le dijo a uno de sus jugadores que se tirara al suelo, sacaron a Bautista lesionado, y terminamos ganando porque América no podía jugar con tan poca cantidad de jugadores. El árbitro terminó el partido, ganamos con gol de Arístides del Puerto, pero quedó el sabor agridulce de la expulsión del ‘Pequitas’”.

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El ‘Pecas’ de verdiblanco.

Para Javier no hubo momento de mayor felicidad que el ver a William el ‘Pecas’ Ospina, su primo, vestido con la gloriosa camiseta de nuestra institución.

“Cuando el ‘Pecas’ pasó al Deportivo Cali fue lo mejor que le pasó a él que era hincha, como para nosotros que éramos hinchas. Fue Humberto Palacios quien lo llamó en el 77, don Alex Gorayeb lo quería en el equipo, pero él pensó que le estaban mamando gallo y colgó, le volvieron a contactar y ahí entendió que era cierta la oferta”, cuenta entre risas y con el orgullo de alguien que ama al azucarero.

“En el Cali empezó la historia ascendente de ‘Pequitas’, y su gran trabajo en la Copa Libertadores de 1978 de la mano de Carlos Bilardo”.

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Si le tocara escoger a sus jugadores más representativos, ¿cuáles serían?

“Son muchos los jugadores que han marcado mi vida como hincha, pero si me toca nombrar algunos me quedo con Jorge Gallego, Loaiza, Iroldo Rodríguez, Nilson Severino Díaz, Néstor el ‘Tola’ Scotta, Jairo Arboleda, el ‘Trigre’ Benítez, Mario Alberto Yepes, Bernardo Redín, Carlos Valderrama, Mayer Candelo, Miguel el ‘Show’ Calero, porque todos daban el 100 % de sí”.

Museo personal en honor al Deportivo Cali

Javier Ospina es un enamorado de nuestro club, y su casa es fiel muestra de ello, un museo personal en su garaje es la admiración de seguidores, familiares y amigos de ‘Javi’.

Tras mudarse a Orlando en el 2000 tuvo la ocasión de estar más cerca del equipo, a través de periódicos, revistas, televisión, veía los partidos cada semana, y luego gracias a las redes sociales se acercó mucho más, ahí fue donde empezó a crear mi museo o salón de la fama.

“Fui recibiendo detalles a lo largo de los años, fotos, revistas, mucha gente empezó a notarlo y me guardaban recortes. Es un placer sentarme en mi garaje y llenarme de gozo de toda la historia que hay en esas paredes”.

Este caleño vive con locura y pasión, son muchas las historias que se pueden contar de este hincha de 62 años, su romance por el club ahora se ha trasladado a sus hijos y nietos, que son quienes lo dejan sin su apreciada colección de más de 22 camisetas. “La pasión se transmite y ahora ese amor hace parte de ellos”, puntualiza.

La conversación finalizó con una consigna bastante importante, y un mensaje de su parte para toda la hinchada azucarera.

“El Cali significa pasión, orgullo, sentido de pertenencia, porque es mi equipo, se sufre por momentos como en todo pero Cali es Cali y lo demás recocha”, sentencia Javier.